Las hemorroides son una de las condiciones coloproctológicas más frecuentes y muchas personas las padecen sin saber cuándo buscar atención médica. La Dra. Lorna Castro explica qué son exactamente las hemorroides, sus tipos y en qué momento requieren tratamiento especializado.
Hay algo que muy poca gente sabe sobre las hemorroides: todas las personas las tenemos. Sí, usted también. Son estructuras anatómicas normales, parte del canal anal desde que nacemos, y cumplen una función importante en el control de la defecación.
El problema no es tenerlas. El problema es cuando se inflaman, irritan o empiezan a dar síntomas. En ese momento dejamos de hablar de hemorroides normales y empezamos a hablar de enfermedad hemorroidal, una condición que sí requiere atención médica.
Como especialista en coloproctología en Costa Rica, veo a diario pacientes que llevan meses o años con molestias que normalizaron. Esta guía existe para que usted no tenga que hacer lo mismo.
¿Qué son exactamente las hemorroides?
Las hemorroides son cojinetes vasculares ubicados en el canal anal. Están compuestos por vasos sanguíneos, tejido conectivo y músculo liso. Su función es contribuir a la continencia anal, es decir, ayudar a controlar cuándo y cómo defecamos.
Cuando estos tejidos se inflaman, se dilatan o se prolapsan (salen hacia el exterior), aparecen los síntomas que muchas personas asocian con «tener hemorroides».
Existen tres tipos según su ubicación:
Hemorroides internas: se forman dentro del canal anal, por encima de la línea dentada. En sus etapas iniciales no duelen porque esa zona no tiene terminaciones nerviosas para el dolor. El sangrado suele ser el primer síntoma.
Hemorroides externas: se forman debajo de la línea dentada, en la piel que rodea el ano. Estas sí pueden ser muy dolorosas, especialmente cuando se trombosan (se forma un coágulo dentro).
Hemorroides mixtas: combinan componentes internos y externos. Son las más frecuentes en consulta.
¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad hemorroidal?
Consulte si presenta uno o varios de estos síntomas:
Sangrado al defecar: es el síntoma más común. Suele verse como sangre roja brillante en el papel higiénico, en la taza del inodoro o cubriendo las heces. Nunca debe ignorarse ni atribuirse automáticamente a hemorroides sin una valoración médica, ya que el sangrado rectal puede tener otras causas que también requieren atención.
Dolor o ardor: puede aparecer durante o después de defecar, o de forma persistente en reposo. Las hemorroides internas no suelen doler a menos que estén muy avanzadas o se hayan trombosado. El dolor intenso suele estar asociado a hemorroides externas o a una trombosis hemorroidal aguda.
Picazón o escozor anal: la inflamación y la humedad en la zona pueden causar irritación crónica. Es uno de los síntomas que más afecta la calidad de vida del día a día.
Sensación de masa o bulto: la sensación de que algo sobresale o de evacuación incompleta es frecuente en hemorroides internas de grado avanzado o en hemorroides externas trombosadas.
Incomodidad al sentarse: muchas personas eligen inconscientemente los asientos más cómodos de la oficina, el carro y el hogar. Ese pequeño gesto cotidiano puede ser una señal de que algo necesita atención.
¿Qué grados tiene la enfermedad hemorroidal?
La enfermedad hemorroidal interna se clasifica en cuatro grados según su evolución:
Grado I: las hemorroides están dentro del canal anal. Solo se aprecian mediante una anoscopía. El síntoma más frecuente es el sangrado.
Grado II: se prolapsan durante la defecación, pero regresan solas al terminar.
Grado III: se prolapsan durante la defecación y necesitan reintroducirse manualmente.
Grado IV: están permanentemente prolapsadas y no pueden reintroducirse. Pueden trombosarse o estrangularse.
Esta clasificación es clave porque el tratamiento varía según el grado. No todos los casos requieren cirugía.
¿Qué factores predisponen la enfermedad hemorroidal?
Hay hábitos y condiciones que aumentan significativamente el riesgo:
Estreñimiento crónico o diarrea frecuente: el esfuerzo repetido al defecar y la irritación continua son dos de los principales factores de riesgo.
Dieta baja en fibra: una alimentación pobre en frutas, verduras y granos integrales endurece las heces y dificulta la evacuación.
Poco consumo de agua: la deshidratación contribuye directamente al estreñimiento.
Permanecer sentado muchas horas: especialmente en el inodoro. Quedarse más tiempo del necesario en el baño aumenta la presión sobre las venas del recto.
Aguantarse las ganas de ir al baño: ignorar el estímulo natural endurece las heces y genera mayor esfuerzo.
Embarazo: el aumento de presión en la zona pélvica y los cambios hormonales favorecen el desarrollo de hemorroides.
Enfermedades de base: condiciones como diabetes, hipotiroidismo o enfermedad inflamatoria intestinal pueden predisponer o agravar la enfermedad hemorroidal.
¿Cuáles son las opciones de tratamiento?
El tratamiento depende del grado, el tipo y los síntomas de cada paciente. No existe un solo camino, y esa es precisamente la razón por la que la valoración médica es el primer paso indispensable.
Manejo médico y cambios en hábitos: en muchos casos, especialmente en grados I y II, los cambios en la dieta, la hidratación y los hábitos intestinales son suficientes para controlar los síntomas. Se complementan con medicamentos tópicos (cremas y supositorios) y medicamentos orales como venotónicos o analgésicos según el caso.
Ligadura con banda elástica: es un procedimiento ambulatorio que se realiza en consultorio, sin necesidad de anestesia general. Consiste en colocar una pequeña banda en la base de la hemorroide interna para interrumpir su circulación sanguínea. Es eficaz para grados II y III seleccionados.
Tratamiento con láser: la terapia láser es una opción mínimamente invasiva que permite tratar la enfermedad hemorroidal con menor dolor postoperatorio, menos sangrado durante el procedimiento y una recuperación más rápida que las técnicas convencionales. No todos los casos son candidatos; la indicación depende del grado, el tipo y las características de cada paciente.
Cirugía (hemorroidectomía): está indicada principalmente en grados III y IV avanzados, en casos con componente externo importante o cuando otros tratamientos no han funcionado. Existen varias técnicas quirúrgicas; el tipo se define según cada caso.
¿Cuándo debo consultar?
La respuesta es simple: cuando tenga cualquier síntoma o molestia en la zona anal. No espere a que el dolor sea insoportable ni a que el sangrado sea abundante.
El diagnóstico oportuno no solo permite un tratamiento más sencillo. También permite descartar otras condiciones que pueden manifestarse con síntomas similares.
Un punto importante: el sangrado rectal no siempre es por hemorroides. Tiene múltiples causas, algunas de ellas urgentes. Autodiagnosticarse y automedicarse con cremas puede retrasar un diagnóstico que sí requiere atención especializada.
La vergüenza no debería ser un obstáculo para su salud
En mi consulta, la mayoría de los pacientes dicen lo mismo al salir: «No era para tanto.» El miedo al examen, la incomodidad del tema, los años normalizando los síntomas.
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